INICIOSER FAMILIA DE CORAZONSERIE ADOPTAR EN VENEZUELA

Nro. 7 Venciendo el tabú: Adopción testimonio de amor

Serie Adoptar en Venezuela Nro. 7
A modo de introducción: La vida que contamos Somos lo que hemos vivido y lo que a partir de allí, vivimos en el presente y proyectamos para el futuro. La escuela de la vida es la escuelita más universal y democrática que existe. Todo aquel que vive, automáticamente se gana una beca para aprender en ella. Todos y cada uno de nosotros, aún con nuestras resistencias, nuestro orgullo y nuestra enorme ignorancia, inexorablemente aprendemos. Nos toca aprender pues. De lo vivido, de nuestra experiencia; sea cual sea esa experiencia.

Y si bien–como dice el dicho- “nadie experimenta en cabeza ajena”, también es cierto que a nosotros los seres humanos, nada propiamente humano, nos resulta ajeno. Todos aprendemos y podemos aprender de todos. Aunque cada uno de nosotros, tiene la primerísima e ineludible gran responsabilidad de aprender de lo que vive, de sí mismo y de su propia historia.

Y aunque vivimos vidas comunes y corrientes, extraordinarias u ordinarias, signadas todas por la cultura, las tradiciones, la moda y muchas otras cosas. Cada vida tiene la peculiaridad de ser sencillamente, única e irrepetible, tanto como su propio protagonista, quien la mira, la siente, la oye, la huele y le sabe distinta.

Pero esa especificidad biográfica, única de cada persona, solo es posible apreciarla en la misma medida que la compartimos por medio del lenguaje, de la comunicación y particularmente a través del relato. Recreando para nosotros y para los otros, esa experiencia que a nuestro juicio, tiene un sentido, un significado, un propósito. En fin, un valor.

Cada cuento, cada historia, enriquece la historia compartida. Porque el aprendizaje, el crecimiento, la fantasía y la ensoñación, todas estas cosas se conciben y ocurren, gracias a que vivimos entre historias. Vivimos íntimamente poblados de historias. Tu historia me enseña que, aún la mía puede ser distinta, en la medida que aprendo y se puede alterar el relato, tanto en los hechos, como en su significado.

En el caso de la adopción, decimos que el testimonio de vida, no solo exalta la vida privada al ámbito de lo público, transparentando con ello una enorme riqueza y aprendizaje para muchos. El testimonio de quienes vivimos la adopción, posibilita que esas experiencias, generalmente vistas como misteriosas, ocultas, dolorosas, llenas de duelos y cicatrices, se vean íntegramente en una más justa dimensión humana. Es decir, podemos apreciar, comprender y aprender también de este otro rostro, el rostro real-luminoso. El rostro real y exacto del poder del amor, de ese pacto de amor que se produce en y para la constitución de cada familia adoptiva, de cada familia de corazón. Poder escuchar las voces de quienes viven la adopción: progenitoras, progenitores, niños, niñas adolescentes, personas con problemas de fertilidad, padres y madres en busca de sus hijos, personas adoptadas y demás relacionados, es una forma de vencer el tabú.

Nuestra vida, sea cual sea, siempre viene surtida, trae de todo. No se trata de un amor “naturalizado”, social y culturalmente esperable y exigible, el de una madre que ama y debe amar a su bebé porque es fruto de su vientre, sencillamente porque la adopción por sí misma, rompe de entrada ese paradigma. Pero tampoco es, ese amor altruista y caritativo que quiere hacer el bien a todos y acoge un niño abandonado para ayudarle. Tampoco es el amor propio, o el ego, de quien no puede concebir o engendrar y busca resarcir su problema de índole personal. En el más común de los casos, quienes se expresan, quienes cuentan su historia y nos comparten su vida en la adopción, se refieren a ese amor fundado en un peculiar pacto filiatorio, en una decisión maravillosa, en una promesa de vida. Un compromiso que asume todas las consecuencias del vínculo y la vida compartida. Tanto las terribles, las desconocidas e insospechadas consecuencias del miedo. Así como todas las maravillosas consecuencias, aunque inesperadas, también propiciadas, generadas y hasta predominantes, cuando uno vive en amor, en fe, en confianza y en paz con uno mismo.

Aquí les dejamos en sus manos, para su disfrute y valoración, algunos testimonios de amor en materia de adopción. Esperamos vencer el tabú, sencillamente con el triunfo del amor

Aquí les dejamos fragmentos de vida. Vidas todas, valiosísimas, buscando construirse a punta de significado, de valor, de esfuerzo y de amor. Tratando, con todos los recursos a su alcance, de llegar a la verdad real y última de un final feliz.

 

 

Jose Gregorio Fernández

Papá adoptivo

Director General de PROADOPCION

Caracas-Venezuela/ Marzo 2015

 

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