INICIOTESTIMONIOS

Ser padre a los 60

Testimonio del papá de corazón Edgar Duarte, Coordinador de Bienestar Cultura y Deporte del ISUM
Hace algunos años, mi esposa Perla y yo luego de años de colaborar con fundaciones e instituciones benéficas, decidimos ir un poco más allá y adoptamos un par de bebés.

Hace algunos años, mi esposa Perla y yo luego de años de colaborar con fundaciones e instituciones benéficas, decidimos ir un poco más allá y adoptamos un par de bebés. Para entonces, contaba ya con 57 años y tenía tres hijos biológicos. En los años que llevo reestrenándome como padre (en mis años dorados), no niego que me he tenido que  renovar no de una sino de mil maneras, he vuelto a mirar comiquitas, a entrar en jugueterías y a visitar parques infantiles, asistir a compromisos sociales como piñatas, paseos etc. No puedo negar que, parte de la labor aunque muy satisfactoria, es bastante agotadora toda vez que he tenido que imprimir más énfasis a mi trabajo en virtud a que, las necesidades económicas son cada vez mayores.  Ahora bien, el caso es que ver sus sonrisas cuando están alegres, o cada vez que espontáneamente me dan un beso o me dicen “te amo papá” me nutre de una emoción extraordinaria. También reconozco que, las horas de desvelos cuando han tenido fiebre, o simplemente se pasan a mi cama en la madrugada argumentando que oyeron ruido o cualquier otra excusa que les garantice dormir en el espacio que ellos mismos se abren entre Perla y yo y que han bautizado como “el hoyito”… ciertamente, es un trasnocho que al menos hasta ahora no me pega, al contrario, me brinda la oportunidad de contemplar lo hermoso y bien hechos que son…cada uno en su dimensión. La verdad es que, la satisfacción que produce tenerlos es de incalculable valor, sin embargo, a veces siento mucho temor… si, temor a que les pueda pasar algo, a que se enfermen, y que se yo cuantas sensaciones más propias de los padres. La diferencia entre el común de los padres de niños tan pequeños (4 y 5 añitos) y yo, es que tengo 61 años… por Dios,  son muchos años para criar niños tan pequeños. Parte del conflicto por el cual paso día tras día, es mi profundo temor a equivocarme. En el desempeño de mi actividad profesional, parte importante de mi trabajo es el de asesorar a personas acerca del cómo deben hacerse las cosas, y paradójicamente, yo mismo necesito o al menos siento que necesito asesoría. Si, asesoría de padres perfectos, que me digan que estoy haciendo bien y sobre todo, lo que estoy haciendo mal.

   Lo cierto de todo este asunto, es que como cualquier padre en el mundo, mi mayor ideal de vida, es darles a mis hijos la correcta formación a la vez de ayudar a formar una economía medianamente estable, que permita sentar las bases de su vida futura de una u otra manera. El asunto es que, ya no siento que depende de mi exclusivamente ya que humanamente, estoy haciendo hasta lo imposible por ellos, es decir, me ocupo junto con mi esposa de su educación, de su disciplina, de sus tratamientos médicos, de sus medicamentos, de sus terapias, de sus actividades extracurriculares como el Karate, el Sistema de Orquestas, el Inglés etc. etc. además de sus tareas habituales… Pues bien, ahora sé con certeza, que necesito urgentemente la ayuda de Dios, para que me permita tener las energías, la salud, el amor, la entereza, la fortaleza, la sabiduría, el talento, la prosperidad, y todo cuanto sea necesario, para acabar la hermosa pero muy difícil tarea que Él me ha encomendado, al darme el más dulce, hermoso y duro trabajo de criar a dos fantásticos niños de 4 y 5 añitos, a mis nada más y nada menos 60 años… no sé, digo yo.