INICIOTESTIMONIOS

¿Por qué adoptamos a nuestra Princesa Catira?

César y Anselia Pedroza
Mi esposo y yo un día supimos de la que en poco tiempo se iba a convertir en nuestra Princesa Catira (perdonen ustedes pero por seguridad la llamaremos así), un día nos solicitaron cupo para ella en la institución que dirigíamos para ese momento, pero nos informaron que estaba en terapia neonatal en el HVS, ...

fuimos a conocerla y nos encontramos con un caso de Pronóstico Reservado, solo nos permitieron verla un minuto a través de un vidrio, salimos muy conmovidos después de encontrarnos una niña muy desvalida llena de tubos, mangueras y cables pero sobre todo total y absolutamente sola en su cunita de cristal (la incubadora), sin  la mano tierna de una madre y la mano segura de un padre, solo 18 días de vida había alcanzado para ese momento, nadie creía que lo lograría. Cuatro meses después llegó a la casa en brazos de una trabajadora social del Tribunal, con una válvula de derivación gástrica, una cabecita más grande que su cuerpo, cuán frágil se veía. Tenía una desnutrición proteico calórica muy severa, una Hemorragia Intraventricular Grado 4 (el más grave), una hidrocefalia comunicativa severa, una Encefalomalacia Isquémica, (Infarto Cerebral), una escoliosis muy fuerte, los ojitos le bailaban como metras, sin control, entre muchas otras cosas o diagnósticos. Sé que mi esposo desde el primer instante la adoptó. Se la colgó al pecho con una hamaquita improvisada y allí, pegada a su cuerpo, la atendía y alimentaba. Yo con bronquitis y con mucho temor de manipularla. Confieso que no estaba preparada para algo así. A los cuatro días, me tocó atenderla y observé que estaba botando líquido de su cabeza. En 10 días fueron como seis viajes al Hospital JM de Los Ríos, hasta que la dejaron hospitalizada con pronóstico reservado. Mi esposo se quedó la primera noche, y luego yo. Confieso que tenía pánico. Nunca había enfrentado algo como eso. Teníamos a otra niña hospitalizada en los Teques y 20 niños más en casa, más nuestra hija de la barriga. Lo primero que nos dijeron es que la niña ameritaba acompañante las 24 horas mientras estuviera hospitalizada, lo cual podían ser meses. ¡Oh mi Dios! ¿Qué hacemos? Como Institución teníamos el derecho y el deber de derivarla a otra Institución si nosotros no podíamos darle el cuidado acorde a sus necesidades. Averiguamos en el Hospital, qué otra institución pudiese acogerla y cuidarla. No la conseguimos. Particularmente oré a Dios y pedí una señal, no tenía corazón para dejarla abandonada en un hospital, ya su progenitora lo había hecho. Y la señal fue que la Princesa Catira detuvo sus ojos por un momento, se detuvo el estrabismo por segundos o minutos y se me quedó viendo fijamente a mis ojos con un amor que solo puedo comparar con el amor de Dios! No era una súplica, no era una petición, fue una respuesta de amor. Ahí le hice la promesa que nunca la dejaría, ahí entendí que Dios nos la estaba entregando. No fue un camino fácil. Estuvo tres meses y nueve días hospitalizada, con altibajos, con la ayuda de hermanas de nuestra iglesia. La Princesa Catira se convirtió en la hija de muchas mujeres quienes la atendieron y la vieron vencer cada una de las dificultades. Cuando al fin la dieron de alta, sabía que la Princesa Catira ocuparía un lugar especial en nuestras vidas. Un día, nuestra hija de la barriga, entonces de tres años, le dice a su papá que la llevara con la juez para decirle que ella quería adoptar a La Princesa Catira, quería que fuera como ella, hija de la barriga. Yo aún tenía temores,       ¿caminaría?, ¿hablaría?, nadie podía decírnoslo. ¿Podremos nosotros con esto? ¿Y si hubiera sido hija de la barriga, como dice mi hija, qué haría yo? Y un día me di cuenta que me había enamorado de mi gorda y ella de nosotros, que Dios nos la había regalado, que anhelamos lo mejor para ella y creemos en un Dios que sana y que al mismo tiempo, estamos dispuestos a vivir y disfrutar con ella cada minuto y cada avance de ella por insignificante que pueda parecer. La Princesa Catira dice papapapí  mamamamí, pide su tetetete! Grita cuando quiere algo, sonríe y hasta carcajea cuando jugamos con ella, ama a su hermana, y como le dice mi esposo al neurólogo: Nosotros no tenemos expectativas con ella, no la presionamos, solo la motivamos y ejercitamos, nos alegramos que cuando le lanzamos un beso o decimos su nombre, ella nos regala la mejor de sus sonrisas y toda su cara se ilumina y nuestra vida también! Realmente no es que queremos adoptar a La Princesa Catira, ya está adoptadísima, sólo queremos, anhelamos, se formalice nuestra unión y pueda ser de una vez y para siempre: NUESTRA HIJA y se cumpla no sólo nuestro sueño, sino el sueño de nuestra hija de la barriga. Hoy ya La Princesa Catira va a cumplir siete años y ya somos sus felices padres de la barriga.

                                                                                                                                                                      Padres de dos preciosos milagros

Dios nos ha dado tanto amor que nuestro corazón arde por compartirlo.

César y Anselia Pedroza